Las Tres Veces que Perdí el Miedo

Día Cincuenta y Siete / Día 7,796

Del viernes para acá no ha sido más que una historia que mejora con el tiempo. Sobre todo, porque creo que si de algo se ha tratado este año ha sido de mi historia con el miedo. De las muchas cosas que he ido aprendiendo de él. No quiero ser redundante, pero alrededor de él giran muchas cosas de mi vida últimamente. Me he hecho mas consciente de él, y he ido aprendiendo a mejorar mi relación con esa parte de mi. Que es algo que existe en mí y está aquí por algo. Y creo que ese algo poco a poco lo voy conociendo y lo voy interpretando. 

Pero bueno, el viernes comienza mi historia. Con sentir miedo y nervios de volver a mi clase de escalada. La realidad es que ese miedo llegó o creo que se originó mas que nada porque había tomado café esa mañana y a parte tenía la energía un poco baja sumada al miedo que tenía acumulado por las otras actividades que se avecinaban el fin de semana. Pero bueno, lo importante es que no iba ni con mucha energía ni con muchos ánimos de escalar muy lejos ese día. Pero aún así y con todo lo que sentía me atreví. Fui, y empecé de a poco. Comencé una ruta nueva, un poco más fácil, y me costó algo de trabajo. Más que nada porque por los nervios perdía mucha energía intentando protegerme de una caída que era inminente. Pero hice un segundo intento, y logré llegar muchísimo más lejos. Aunque no sé exactamente cómo le hice. Pero ese fue como mi primer mini-logro del fin de semana. No era algo nuevo para mí el escalar, pero vencí de nuevo ese pequeño miedo. 

Después de eso, el sábado me forcé de alguna forma a ir a mi primera clase de rapel. Era una cuota obligatoria para trepas. Más que nada porque si en algún punto de mi vida quería hacer cualquier salida como matacanes iba a tener que cubrir ese curso. Y también lo hice por probar. Porque era algo nuevo y quería ver si si me gustaba. Ahí nuevamente me encontré con el miedo cara a cara. Pero fue una experiencia muy curiosa porque fue como la oportunidad perfecta para convivir con Kevin, mi Trepacrush.

Y a parte, algo que me gustó mucho es que antes de hacer mi primera prueba de rapel hablé con Fú y le dije:

“Fu, tengo miedo”. Y su respuesta me encantó. Me dijo que le preocuparía que no lo tuviera. “Si no tuvieras miedo, estarías en tres posibles situaciones; o vienes borracha, o drogada, o simplemente no te importa tu vida. Si sientes miedo es porque te importa tu vida y porque quieres estar bien. Esto no significa que por el miedo no hagas las cosas, sino que por él seas precavida, revises bien tus protocolos de seguridad y estés concentrada en lo que estás haciendo. Para eso sirve el miedo.“

Esta perspectiva del miedo fue una cosa que me cayó como anillo al dedo. Después de tantas semanas analizándolo, conviviendo con él y cuestionándolo; esas palabras fueron una de las respuestas que buscaba a mi pregunta de: ¿Para qué sirve el miedo? ¿Cuál es su propósito? 

Aún sigo creyendo que el miedo tiene múltiples propósitos, pero esto que me dijo Fu me hizo demasiado sentido. Y lo percibo como una de las piezas que podrían encajar en este tema que me viene dando vueltas desde hace algún tiempo ya. Después de que me dijo eso, me atreví a cruzar las piedras para pasarme a la plataforma desde donde haría mi primer rapel en mi vida. Unos 12 metros aproximadamente. Me dio mucho miedo dar el primer paso y pasar de la plataforma a la roca. Pero una vez que pasé de ahí y estaba caminando sobre el muro, todo cambió. Me di cuenta de que me gustaba y estaba disfrutando muchísimo lo que estaba haciendo. La estaba pasando demasiado bien. Descubrí lo mucho que me estaba gustando rapelear. Se sintió como dar un enorme salto cuántico. 

Después de las prácticas de rappel me fui a mi casa, descansé y comencé a pensar un sin fin de cosas. Me estaba aterrando el pensar cómo estaría la aventura del domingo. El sábado había descendido 12 metros; el domingo tocaba descender 40+55. Y en un ambiente no tan controlado; uno de los rapeles iba a ser por dentro de una cueva. Mi mente quiso comenzar a atacarme con ideas fatalistas y con todo lo que podía salir mal. Pero lo peor de todo es que la mayoría de mis miedos tenían que ver conmigo y con el miedo que me tengo a mi misma y a perder el control. Creo que tengo miedo a la incertidumbre, a mis límites y a mis capacidades. 

Pero como quiera, a pesar del enorme miedo que me daba mi salida del domingo, me atreví a ir. Principalmente porque recordé que el día pasado la había pasado demasiado bien en las prácticas de rapel y que quizá también disfrutaría mucho el ir a hacer la ruta de la Mina de las Escaleras. 

Siempre que voy a un lugar con miedo, mi energía baja y me siento muy incapaz. Esto me pasó ayer; digo, también sumándole el hecho de que hacía mucho calor y llevaba solo tres horas de sueño encima, me aterraba mucho el hecho de tener que enfrentarme a algo nuevo sin siquiera haber tenido un estado físico óptimo. Pero lo logré. Y lo disfruté mucho. Y algo que me gustó es que me dí cuenta de la enorme concentración que tengo a la hora de hacer algo que me provoca miedo. Quiero comenzar a aprender a controlar mi mente, a manejarla para que podamos desarrollar nuevas cosas. Quiero mejorar nuestra resistencia en momentos como este en el que el miedo parece querer rebasarme. 

Siento que cada vez que pierdo un miedo es como si se me abrieran un sin fin de posibilidades al mismo tiempo. Logro algo y todo cambia, todo se siente diferente.

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